Foro de Discusiones
| Tema: Biblia | ||||
| Moderador: jnwry | ||||
| profesor RB () | ||
CANONICIDAD
«Mirad que
ninguna os engañe con filosofías falaces y vanas, fundadas en tradiciones
humanas, dicho por vía de ejemplo de mí y de Apolos, os lo explico a vosotros
para que en nosotros aprendáis a no ir más allá de lo que está escrito» (Colosenses 2:8; 1 Corintios 4:6)
«La Santa
Iglesia Cristiana, de la cual Jesucristo es la cabeza, ha nacido de la
Palabra de Dios, en la cual permanece y no escucha la voz de un extraño» (Zwinglio)
1. Definición de la
Canonicidad
1) El significado de la palabra «canon» deriva del griego «kanon» y, probablemente, también del hebreo «kane», que
significa una vara para medir, o una regla; metafóricamente, la palabra ha
venido a significar «norma» o «medida» de la verdad religiosa.
2) El uso de la palabra en la Biblia lo encontramos en Gálatas 6:16,
Filipenses 3:16, donde significa que «la nueva creación» es el canon
para el nuevo pueblo de Dios, «la regla», la norma del cristiano (2 Corintios
10: 13-16).
3) Uso de la palabra referido a la Biblia. En el lenguaje de la Biblia «canónico» significa todo el contenido de las
Escrituras; la «lista» o «catálogo» de los libros que componen la Biblia. la
norma escrita reconocida por la Iglesia de los libros inspirados y, por tanto,
normativos para ella.
Por oposición se llama apócrifo a todo escrito que, habiendo
pretendido o pretendiendo todavía la canonicidad, no es inspirado y, por lo
tanto, no es reconocido por el pueblo de Dios.
4) Reconocimiento de la canonicidad. la Iglesia
reconoció como canónicos únicamente aquellos libros que reunieron las
siguientes características propias de todo escrito portador de la Revelación
divina:
a) Inspiración divina.
b) Apostolicidad en el caso del N.T. y Profetismo en el A.T.
que son la garantía de la inspiración divina requerida.
El principio para aceptar un libro
era la tradición histórica de su apostolicidad. Pero hemos de entender
claramente que por esta apostolicidad no se quiere decir siempre que el autor
haya sido un apóstol. Desde luego, cuando éste era el caso no había dudas:
porque desde muy temprano la apostolicidad fue identificada con la canonicidad.
Hubo dudas en relación a Hebreos, en Occidente, y a Santiago y Judas, que
retrasaron la aceptación de estos libros en el canon de ciertas iglesias. Pero
en un principio no fue así. El principio de canonicidad no es, pues,
estrictamente la paternidad literaria apostólica de un escrito, sino la
imposición que los apóstoles hacen del mismo. De ahí que el nombre que
Tertuliano usa para canon sea «instrumentum»; habla del Antiguo y Nuevo Instrumento
como nosotros nos referimos al Antiguo y Nuevo Testamento. Nadie niega que los
apóstoles impusieron el Antiguo Testamento a la Iglesia -como su instrumento o
regia-. Al imponer nuevos libros a las iglesias que fundaban, por la misma
autoridad apostólica, no se limitaron a libros de su propia redacción. Es el
evangelio de Lucas, un hombre que no era apóstol, el que Pablo coloca
paralelamente en 1 Timoteo 5: 1 8 con Deuteronomio y le llama «Escritura». los
Evangelios, que constituían la primera parte de los Nuevos libros -«Los
Evangelios y los Apóstoles» fue el primer título que recibió el Nuevo
Testamento-, según Justino, fueron «escritos por los apóstoles y sus
compañeros». la autoridad de los apóstoles se hallaba en los libros que
entregaron a la Iglesia como regla, no sólo en los que ellos mismos
escribieron. las comunidades primitivos recibieron en su Nuevo Testamento todos
los libros que llevaban evidencias de haber sido dados por los apóstoles a la
iglesia como código de ley; y no deben desorientarnos las vicisitudes
históricas de la lenta circulación de algunos de estos libros, como si la lenta
circulación significara lenta «canonización» por una parte de las Iglesias
(Benjamín B. Warfield, The lnspiration and Authority of the Bible, 1960,
PP.415, 416).
c) Unidad de la doctrina, que se deduce de los puntos anteriores y
es su corolario.
d) Autenticidad, es decir, genuinidad del escrito en cuanto a
paternidad que se atribuye, fecha, etc., a prueba de la crítica honesta.
La aceptación del Canon de la Escritura por parte de la Iglesia se basa en
un criterio fundamentalmente cristológico. la Iglesia siguió el ejemplo de
Jesús al admitir el A.T. como Escritura Sagrada, y estuvo atenta a la autoridad
conferida a sus apóstoles por el Señor.
Fue el Espíritu de Cristo el que habló por medio de los profetas, y también
de los apóstoles (1° Pedro 1:11). «Las ovejas de Cristo oyen su voz
indefectiblemente». (F. Bruce, El Fundamento apostólico, pp. 23,24) .
Establecemos ante todo que el libro
de los Evangelios tiene por autores a los apóstoles, a quienes impuso el Señor
mismo el encargo de predicar las Buenas Nuevas. Si tenemos también por autores
a los discípulos de los apóstoles (apostólicos Marcos y Lucas), estos últimos
no han escrito solos, sino con los apóstoles y según los apóstoles. Porque la
predicación de los discípulos podría ser sospechosa de vanagloria si no
estuviera apoyada por la autoridad de los maestros y por la autoridad de Cristo
mismo, quien hizo a los apóstoles maestros. Tertuliano, Contra Marción, IV,
2.
2. El Canon del
Antiguo Testamento
La Biblia usada Por Cristo y sus apóstoles (la Biblia de Israel) constaba
de tres partes: La Ley, los Profetas y los Salmos.
1. La Ley (5 libros): Génesis, Éxodo, Levítico,
Números y Deuteronomio.
2. los Profetas (8 libros)
a) Primeros profetas: Josué, Jueces, Samuel y Reyes.
3. Los Salmos o Escritos (11 libros)
a) Poéticos: Salmos, Proverbios, Job.
¿A qué obedecía esta división de los judíos? la triple división del A.T.,
tal como hemos detallado, correspondía al parecer a la posición de sus autores
y dependía también del uso litúrgico en el Templo.
Los primeros cinco libros fueron escritos por Moisés con pocas excepciones
(Deuteronomio 34, por ejemplo). Moisés fue el gran legislador hebreo, el primer
profeta del pueblo de Israel. Los autores de la segunda división eran hombres
que desempeñaban el oficio profético, para lo cual poseyeron el don de la
profecía. Y los autores de la sección tercera eran siervos de Dios que tuvieron
el don, pero no el oficio de profetas; es decir, hombres inspirados por Dios,
pero no profetas de oficio (David, Daniel, Salomón, etc.).
¿Por qué, pues, las Lamentaciones se hallan en la tercera sección? Esto
ocurría en algunos lugares, pero no siempre (según testimonio de Josefo y
Jerónimo) a veces juntamente con Rut se hallaba en la segunda sección como
apéndice de Jeremías, y Rut como apéndice de Jueces. En realidad, se supone que
fue así hasta el siglo II antes de Cristo, y no fueron colocados en la tercera
sección por razones litúrgicas y prácticas para el uso del culto público.
¿Por qué Daniel está también en la tercera sección? Porque Daniel fue
político y sabio, pero no profeta, aunque poseyó el don de la profecía en alto
grado. Su labor, sin embargo, fue como la de su contemporáneo Ezequiel,
profético. Se le llama profeta en el N.T. (Mateo 24:15) en el mismo sentido que
a David (Hechos 2:29, 30; Mateo 1 3:15) en el sentido de haber hecho
predicciones, pero el significado de la palabra profeta (nabhi) en hebreo es
más que esto. El oficio y la obra de Daniel fueron algo excepcional, y para
ello, estuvo equipado con el don de la profecía, como David.
¿Por qué Amós, que manifestó él mismo no ser profeta, fue colocado por los
judíos en la segunda sección?
En Amós 7:14, 15 el autor explica cómo fue llamado por el Señor al oficio
profético siendo él un pobre hombre de las montañas, sin haber imaginado nunca
antes desempeñar dicho oficio, por no haber asistido ni a las escuelas de los
profetas, ni ser hijo de profeta. En el momento de su llamamiento recibió la
investidura de su nuevo oficio, lo que no sucedió con Daniel. Amós fue un
auténtico profeta por llamamiento directo del Señor. Aún más: su llamamiento es
el ejemplo más claro de vocación al oficio profético.
Los varones del tercer grupo ocupan en el A.T. la posición que, en cierta
medida, tuvieron en el N.T. hombres como Marcos, Lucas y Judas, a los cuales
Tertuliano llamaba «varones apostólicos» para diferenciarlos de los mismos
apóstoles.
3. El Canon del Nuevo
Testamento
El Canon del N.T. se formó dentro de un período de tiempo mucho más corto
que el del A.T. por ser la culminación, la cima de éste. El Nuevo Testamento
fue compuesto en la segunda mitad del primer siglo (alrededor de 51 años, 45-96
después de Cristo), «en el cumplimiento de los tiempos» (Gálatas 4:4), la época
sagrada y única de la manifestación del Hijo de Dios. Este canon consta de 27
escritos.
4. El Significado del
Canon
Para entender correctamente lo que el canon bíblico significa para la
Iglesia, y para cada cristiano, hemos de tener en cuenta:
1. La Iglesia confesó, pero no confirió, la canonicidad
de los libros inspirados.
2. la Iglesia informó al mundo, y sigue informándole,
acerca del fundamento sobre el que se asienta, pero no es ella la que formó
dicho fundamento, sino Cristo mismo.
3. la Iglesia fue la editora, no la autora del canon.
4. El reconocimiento del canon, no la
formación del canon, por parte de la Iglesia fue aquel proceso por medio del
cual el pueblo fiel fue discerniendo, con creciente toma de conciencia, su
fundamento profético y apostólico. Este proceso tiene su propia historia, en la
que es notable ver cómo y cuándo la Iglesia primitiva consideró uno por uno los
27 libros que componen el N.T. como la colección de escritos divinamente
inspirada y de igual autoridad que el A.T. (cf. El fundamento Apostólico, caps. VI
y VII).
5. El canon debe controlar a la Iglesia, no la Iglesia
al canon, porque Dios es soberano no sólo como Señor y Salvador, sino como
Revelador. Ninguna Iglesia debe pretender, someter el canon a su autoridad,
sino todo lo contrario: someterse ella a la autoridad del canon. Este es su
deber primario.
Ninguna Teología, como hace el modernismo existencialista o racionalista,
debe pretender tampoco someter el canon, y la misma Iglesia, a la arbitrariedad
de la última moda filosófica (léase la cita de Zwinglio al comienzo de este
estudio).
6. El canon es una norma cerrada y única. «Al aceptar el
canon y reconocer sus límites, la Iglesia no sólo distinguió entre escritos
canónicos y no canónicos, sino que señaló los límites donde se encierra la
única tradición apostólica autorizada. Todo esto carecería de significado
si al mismo tiempo hubiera de haber continuado una tradición oral ¡limitada
también canónica» (H. Ridderbos y Oscar Culimann).
«Los escritos bíblicos no poseen autoridad divina porque están en el canon,
sino que están en el canon porque son inspirados, es decir, porque poseen autoridad
divina» (N.B. Stonehouse).
«La autoridad precede a la canonicidad» (F.F. Bruce).
«Al establecer el principio del canon, la Iglesia ha reconocido por esta
misma actitud, que a partir de entonces, a partir de aquel momento, la
tradición ya no era más criterio de verdad. Subrayó la tradición apostólica.
Declaró implícitamente que, a partir de aquel momento, toda tradición posterior
debería quedar sujeta y sumisa al control de la tradición apostólica (la
Biblia)» (Oscar Culimann).
5. El Canon Cristiano-Hebreo
y el Canon Romano
Hay unanimidad total entre todas las Iglesias que pretenden el nombre de
cristianas por lo que se refiere al Nuevo Testamento, es decir, en cuanto al
número de libros y al texto. Todas tenemos el mismo N.T.
Pero no ocurre así con el Antiguo Testamento. Nuestras Biblias tienen 39
libros inspirados, cuyo texto corresponde exactamente a la división de 24
rollos practicada por Israel.
En cambio, en las Biblias editadas por los católico-romanos aparecen 7
libros más, amén de ciertas adiciones a algunos libros canónicos. Por las
razones que expondremos seguidamente, estos libros son apócrifos, no
inspirados, mera literatura humana, con todo el valor histórico (en algunos
casos, no siempre), o literario que se quiera, pero escritos humanos al fin.
Los libros apócrifos son: Tobías, Judit, Sabiduría,
Eclesiástico (no confundir con Eclesiastés), Baruc, 1 y 2 de
Macabeos y las siguientes adiciones: Esther (10 vv. del cap. 10
al 16 de las versiones católico- romanas), Daniel 3:24-90 y caps. 13 y 14 de
dichos versiones.
Estos son los libros judíos no canónicos que Roma acepta como tales; pero
existen aún otros libros apócrifos que ni los judíos ni la Iglesia Cristiana,
ni Roma han aceptado jamás (por ejemplo: 2 y 3 de Esdras, la oración de
Manasés, Enoc, etc.).
1) Las razones que aduce Roma en favor de su canon
a) Que algunos Padres de la Iglesia (muy pocos por
cierto) citaron estos libros como si fueran inspirados. Cierto, pero también
citaron los otros apócrifos. ¿Por qué no los admiten todos, guiados meramente
por estas citas?
b) Que los libros apócrifos se encuentran en muchas
versiones antiguas. En la versión llamada de los Setenta, sobre todo, que
sirvió de base para muchas versiones posteriores. Vale aquí lo mismo que hemos
dicho ya: ¿por qué no acepta, pues, Roma todos los apócrifos que
contienen estas ediciones?
2) Las razones que tenemos para no incluir los apócrifos
a) No formaron parte nunca del canon judío. Pablo afirma
que los judíos fueron los depositarios de la Revelación (Romanos 3:2) y el suyo
es, por tanto, el canon válido. No existe ni un solo ejemplar del Antiguo
Testamento editado en hebreo que contenga los apócrifos.
b) los libros apócrifos no son citados nunca por el
Señor ni por sus apóstoles en el N.T. según reconoce el Diccionario de la
Biblia de Herder (católico), artículo: Canon del A.T., p. 269. Téngase en
cuenta que el N.T. cita 280 veces al A.T. y casi siempre de la versión griega
de los Setenta que contenía los apócrifos.
c) Josefo, el gran historiador judío, testifica que los
apócrifos no se hallaban en el canon judío.
d) Filón, el gran filósofo judío de Alejandría y la
comunidad judía alejandrina de habla griega (que solía usar la versión de los
Setenta) no consideraron, ni usaron jamás, los apócrifos como Sagrada
Escritura.
e) No encontramos los apócrifos en ningún catálogo de
libros canónicos reconocidos por la Iglesia en sus primeros cuatro siglos de
existencia.
f) Los más ilustres Padres de la Iglesia rechazaron
categóricamente los apócrifos: Melitón, Atanasio, Jerónimo, Cirilo, Rufino.
g) La versión de los Setenta fue una edición compuesta
por motivos culturales, no religiosos. Tolomeo II Filadelfo quería reunir en la
famosa biblioteca de Alejandría la sabiduría de todo el mundo antiguo y mandó
ordenar la traducción al griego de todos los libros existentes en hebreo o
escritos por los hebreos, de modo que pudiera disponer de todo el acervo
cultural judío. Fue traducido todo este material por judíos alejandrinos
alrededor del año 280 a.C.
h) Los mismos libros apócrifos delatan no ser de
inspiración divina. Por ejemplo, los libros de los Macabeos que tienen un
cierto e indudable interés (y aun en ocasiones un evidente valor histórico)
renuncian a toda pretensión de inspiración (2 Macabeos 15:39).
i) los apócrifos enseñan doctrinas contrarias a otras
enseñanzas bíblicas (Sabiduría 10: 1-4 compárese con Génesis 6:5-7); dejan
sentir la influencia pagana sobre sus autores, pues toleran la salvación por
obras, los encantamientos mágicos, las oraciones por los muertos, etc.
j) Casi todos estos apócrifos fueron escritos mucho
después de que se hubiera cerrado el tiempo del canon del A.T., que duró hasta
Malaquías. Sus autores no pueden ser profetas, ni tener el oficio profético, ni
ser, por tanto, inspirados. 1 Macabeos 3:46-49 demuestra que Israel, después de
Malaquías, se regía por el «Libro de la ley», y en 1 Macabeos 9:27 se confiesa
paladinamente que Israel vivía en una época «desde el tiempo en que no había
entre ellos profetas».
k) Las Iglesias Evangélicas, al rechazar la apócrifa,
siguen fieles a la norma que rigió la historia de Israel y la Iglesia
Primitiva.
Una edición completa de la apócrifa admitida por la Iglesia romana se puede
encontrar en cualquier versión de la Biblia católica romana. Recomendamos la Nácar-Colunga
por el cuidado que tiene en deslindar y advertir cuándo comienza y acaba el
texto «deuterocanónico» en oposición al canónico.
Uno de los manuscritos más antiguos del antiguo testamento, y según la
opinión de muchos eruditos uno de los más valiosos, es el CÓDICE VATICANO
o Código Vaticano, escrito probablemente en Egipto a mediados del siglo IV.
Este manuscrito, que se guarda en la Biblioteca Vaticana (como mínimo desde
1481), es de extraordinaria perfección, escrito en caracteres unciales y por
una sola mano. Tiene una altura y anchura de 27 cm. y cuenta con 759 hojas, de
ellas 617 para el Antiguo Testamento y 142 para el Nuevo.
Lo notable es que en él jamás han figurado los libros de los Macabeos.
6. Algunas reflexiones sobre la teología del Canon
La aportación de H. Ridderbos
Hace medio siglo, en 1955, Herman N. Ridderbos llamó la atención sobre la
naturaleza histórico-redentora del canon. Todavía en 1988 se hacían nuevas
ediciones de su obra.
Este teólogo holandés recogía y desarrollaba una línea de pensamiento
latente desde hace siglos en la teología protestante. Hodge, Bruce, Cuilmann,
Ramm y otros laboraron y laboran en este campo de la teología bíblica sobre el canon.
Con toda rotundidad, Ridderbos afirma que la puesta en escrito de la
tradición apostólica y su valoración como canon fue única y
exclusivamente la obra del mismo Señor resucitado. Fue su acto final en la historia
de la salvación y la revelación especial antes de la segunda venida. Había
escogido a sus apóstoles para ser sus representantes, habiéndoles dado
autoridad para serle testigos de su persona y de su obra, de su enseñanza y de
su resurrección. El conjunto de este testimonio escrito bajo dicha autoridad
apostólica es la roca sobre la que habló en Mateo 16:1-8. Sobre esta roca como
fundamento, la Iglesia tiene que cimentarse y edificarse.
Al clarificar la naturaleza única, y conclusiva, de la obra redentora de
Jesucristo con el cierre del canon bíblico, Ridderbos ha hecho una
importante contribución a la teología evangélica. la historia de la
salvación es el registro de las obras de la gracia divina para la salvación
del mundo. De etapa en etapa, la maravillosa redención llevada a cabo por Dios
en Cristo -de manera única, irrepetible y siempre perfecta- fue registrada por
escrito y convertida en norma, canon, para el pueblo de Dios.
Así como en la cruz el Salvador pudo decir «Consumado
es» (Juan 19:30), también podía exclamar al ser completado el canon:
«Realizado es». Ya no queda nada más por revelar hasta la segunda venida de
Cristo. Corno escribe Ridderbos: «al completarse el canon, la historia de la
redención llegaba a su conclusión; ya podía empezar la historia de la
Iglesia».
Concretamente, la historia de la Iglesia del N.T. no empezó el día de
Pentecostés. Comenzó al cerrarse el canon. Porque lo que leemos en Hechos forma
parte todavía de la historia de la salvación.
El libro de Hechos es llamado, con toda propiedad, el Libro de los
Hechos de los Apóstoles. Por medio de sus apóstoles, Cristo establece la
Iglesia y esto se describe en términos de crecimiento de la Palabra, tanto o
más que de crecimiento numérico de personas:
«Y crecía la Palabra de¡ Señor, y el número de los discípulos se
multiplicaba grandemente en Jerusalén..»
«... la
Palabra del Señor crecía y se multiplicaba...»
«... y la Palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia...»
«...así crecía y prevalecía poderosamente la Palabra del Señor»
(Hechos 6:7; 12:24; 13:49; 19:20)
Y así fue cómo la Palabra llegó desde Jerusalén a Roma. Cuando Pablo hubo
predicado el Evangelio en el corazón mismo del Imperio Romano, Cristo Jesús
entró triunfante como Rey de reyes allí donde Satán tenía su poderoso trono, la
ciudad de las siete colinas (Apocalipsis 17:9). La tarea de los apóstoles llegó
a su fin. El libro de los Hechos de los Apóstoles podía cerrarse ya.
Las obras de
Dios son perfectas. Y la obra de la redención es la más perfecta y maravillosa
obra divina. ¿Cómo imaginar siquiera la más mínima imperfección en la obra
reveladora del Salvador? El Señor no hace nunca las cosas a medias; nunca ha
dejado por terminar ninguna de sus obras. Si la salvación expresa el carácter
perfecto de las actuaciones divinas, también tiene que mostrarlo el relato
inspirado de esta redención.
Mientras que el
Espíritu Santo sigue obrando en la historia de la Iglesia, no debemos
confundir, sin embargo, su trabajo providencial en medio de su pueblo con la
inspiración por parte de este mismo Espíritu del registro sagrado de
acontecimientos salvíficos llevados a cabo por Dios en Cristo. Es decir,
debemos diferenciar la historia de la salvación -la historia del canon-
de la historia de la Iglesia. 0 lo que es lo mismo, discernir el
fundamento del edificio que, luego, va edificándose sobre dicho fundamento
único (Efesios 2:20).
Cuando el libro de los Hechos de los Apóstoles llega al final, este final
cierra los últimos episodios de la redención llevada a cabo por Cristo. Ya no
queda nada más que decir tocante a la redención y a la revelación. Sólo
quedaba por hacer una cosa, una sola cosa: la puesta por escrito de algunos
documentos más del Nuevo Testamento y el cierre definitivo del canon.
Como señala
Ridderbos, esta perspectiva supone un importante discernimiento desde otro
punto de vista:
El cierre del canon no forma parte de la historia de la Iglesia. Porque la
Iglesia no hizo el canon; como tampoco el Evangelio fue obra suya. Tanto el
Evangelio como el Canon crearon a la Iglesia.
La autoridad de los apóstoles es la autoridad de Cristo mismo. No hay
diferencia entre lo que Pablo enseña por «mandamiento» o por «permiso», o, sin
tener mandamiento, bajo su propia responsabilidad.
La autoridad
del apostolado fue ejercida personalmente en el primer siglo y quedó limitada a
este tiempo. los apóstoles murieron y su testimonio dejó de ser personal para
convertirse en palabra escrita. El apostolado fue un ministerio único e
irrepetible por la misma razón. Único por quedar circunscrito a aquellos que el
Señor llamó e invistió de autoridad, una autoridad ejercida con la ayuda del
Espíritu Santo, que hizo de los escritos apostólicos textos inspirados e
infalibles. Así lo explica Ridderbos:
«Los apóstoles no fueron simplemente testigos o predicadores en sentido
general, en sentido eclesiástico. Su palabra es una palabra reveladora, es, en
realidad, el testimonio único, dado una vez por todas, sobre Jesucristo; un
testimonio frente al cual tanto la Iglesia como
el mundo son responsables y por el cual seremos juzgados todos, creyentes e
inconversos».
7. La autoridad de la Biblia
¿De dónde procede la autoridad de la Biblia? De su autor: Dios.
-Porque Dios es la máxima autoridad, su Palabra es la máxima autoridad.
La naturaleza de la autoridad de la Biblia es triple:
- necesaria
8. El Canon: ¿Confesión de fe de la Iglesia o fuente
de la fe de la iglesia?
Marción y el canon del Nuevo Testamento
«El desafío de Marción al cristianismo obliga a las iglesias a decidir qué
libros debían estar incluidos en los Escrituras sagradas y cuáles no. En esta
perspectiva, Marción habría hecho más bien que daño a la Iglesia. ¿No quedó
establecido el canon del Nuevo Testamento como consecuencia del desafío de
Marción a la cristiandad?»
Con estas u otras palabras parecidas se suele explicar hoy en multitud de
libros y seminarios la génesis del canon novotestamentario y los orígenes de su
formación.
¿Historia de la
formación o del reconocimiento del canon?
La Iglesia no decidió nunca qué libros tenían que formar el Nuevo
Testamento. la Iglesia, las iglesias, confesaron los escritos que habían
recibido de la autoridad de los apóstoles, porque eran conscientes de que
debían cimentarse sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (cf. Ef.
2:20).
El Señor, en su providencia, ya había decidido desde el principio los
libros que constituirían el Canon inspirado.
Muchos hablan hoy de la «historia de la formación del canon». Creo que este
lenguaje puede inducir a confusión y operar como una cortina de humo que
dificulta la visión clara de toda la problemática inherente en las cuestiones
que atañen a la autoridad del Nuevo Testamento. En lugar de referirnos a la «formación
del canon», sería más concreto y exacto matizar: «historia del reconocimiento
del canon».
Porque la Iglesia no formó, sino que reconoció el canon. la Iglesia no engendró el N.T., sino que reconoció agradecida los
escritos que le eran dados por el testimonio apostólico.
En términos sencillos, digamos que la Iglesia fue la editora, pero
no la autora del canon inspirado.
Autores como Ridderbos, Bruce y Ramm han señalado atinadamente que Dios es
soberano tanto en la revelación como en la salvación. Por consiguiente, la génesis
del canon no hay que ir a buscarla en la historia de la Iglesia, sino en la
historia de la salvación.
El carisma de la inspiración no lo dio Dios a la Iglesia, sino a sus
profetas y apóstoles escogidos precisamente con la finalidad de que fueran
testigos autorizados de la vida, la muerte, la resurrección y las enseñanzas de
Jesucristo (cf. Jn. 17:20). Testigos inspirados, se entiende.
La autoridad inspirada de los apóstoles es el fundamento, mientras
que las confesiones y los credos de la Iglesia pertenecen al edificio que
va construyéndose a lo largo de los siglos hasta que Cristo vuelva, para ser un
templo santo en el Señor.
Repitámoslo: el testimonio y los credos de la Iglesia son confesión de
fe. Pero el canon mismo es fuente de fe, fuente inspirada por Dios (2
Timoteo 3:16).
Significado de la condena de Marción
¿Por qué fue criticado, y rechazado, Marción al reducir el número de los
libros del Nuevo Testamento?
La oposición que recibió de parte de los líderes más destacados de las
iglesias y de cristianos de mayor valía, como lreneo y Tertuliano, no obedecía
a rencillas ni antipatías personales. Ellos estaban contra Marción porque
rechazaba gran parte de los Evangelios y otras porciones de los escritos
apostólicos que no admitía en su lista -o canon- particular.
¿Qué significa esto? Que ya existía una colección de libros tenidos como
inspirados en las iglesias y considerados canónicos, independientemente del hecho de que el discernimiento de cada comunidad
necesitó cierto tiempo para reconocer algunos de estos escritos, exactamente
como había ocurrido en el antiguo Israel para reconocer todo el Antiguo
Testamento.
La condena de Marción como hereje es inimaginable sin la existencia previa
de una colección de escritos tenidos como inspirados. Ello supone el concepto
bien arraigado de una norma identificada como una colección de la que era
¡lícito apartarse, pues era canon para la Iglesia de todos los tiempos.
Por ejemplo,
lreneo defiende los 4 Evangelios, ni uno más ni uno menos (Ady. Haer, 111, 1
1) con un claro sentido de continuidad con lo que siempre se había creído y con
las fuentes inspiradas de donde se había bebido. La dependencia de Ireneo de
anteriores y continuadas convicciones con respecto al canon de los 4 Evangelios
se remontaba a Papías y a Policarpo.
Para Tertuliano, los 4 Evangelios tienen por autores a los apóstoles, a
quienes impuso el Señor mismo el encargo de predicar las buenos nuevas. Si
tenemos también por autores a discípulos de los apóstoles (los apostólicos
Marcos y Lucas) estos últimos no han escrito solos, sino con los
apóstoles y según los apóstoles (cf. Lucas 1:2). Porque la predicación
de los discípulos podría ser sospechosa de vanagloria si no estuviera apoyada
por la autoridad de los maestros y por la autoridad de Cristo mismo, quien
hizo a los apóstoles maestros (Tertuliano, Contra Marción, IV,
2).
Aquí tenemos compendiada toda la teología del Canon.
El Canon, ¿Historia de
la Iglesia, o historia de la Salvación?
El vocablo griego «Canon» que utilizamos, tanto por nuestra parte
como en el cristianismo primitivo, se empleaba con dos significados:
1. Para referirse a una regla o norma (Gálatas
6:16).
2. Haciendo alusión a una lista o colección de libros
inspirados. Desde el tiempo del período apostólico (historia bíblica, o de la
salvación) hasta la época postapostólica (la época de la Iglesia) se produjo
una progresión, o evolución, del lenguaje: primero fue el canon de la
fe, como regla y norma reconocidas desde el principio de la predicación
apostólica como inspirados (y éstos sobre la base de su apostolicidad, su
antigüedad y su verdad).
Esta progresión conlleva asimismo una continuidad. Comprobamos esta
ininterrumpida continuidad en el testimonio de Justino, lreneo, Tertuliano y
otros autores hasta llegar a Atanasio, quien confiesa recibir como inspirado lo
que ha sido transmitido desde el principio con este carácter.
Marción, pues, no movió a las iglesias a formular una lista de libros
autorizados como si nunca antes hubiese habido ninguna. Marción, simplemente,
forzó a las iglesias a confesar su fe con rotundidad, para informar al mundo
inequívocamente de las fuentes de su fe.
Porque la Palabra de Dios es fuente de fe, mientras que la palabra de la
Iglesia es solamente confesión de fe.
Afirmaba Zwinglio con razón:
«La Santa iglesia Cristiana, de la cual Jesucristo es la única cabeza, ha
nacido de la Palabra de Dios, en la cual permanece y no escucha la voz de un
extraño».
El canon no es el producto de la decisión de la Iglesia, de ninguna
iglesia.
La diferencia entre Roma y la Reforma en este punto no consiste en el valor
intrínseco de la Escritura como Palabra de Dios, que ambas reconocen
igualmente. La diferencia tiene que ver con el reconocimiento de ese valor
divino de la Escritura y la manera de llevarse a cabo. Según Roma, dicho
reconocimiento dependería de la Iglesia C.R. Según la Reforma, de las mismas
evidencias de la Escritura que se impone por sí misma a la Iglesia. La Reforma,
a diferencia de Roma, no ató el canon a la Iglesia, sino la Iglesia al canon.
Como enseñaba Calvino:
«Por lo que la Iglesia, al recibir la Sagrado Escritura y al vindicarla por
su sufragio, no la hace más auténtica, como si antes hubiese sido dudosa; sino
porque la Iglesia la reconoce como la pura verdad de su Dios, la reverencia y
la honra, obligada por su deber de piedad» 0. Calvino, Institución,
1, 7)
La verdad histórica, pura y simple, es que todo lo que constituye el Nuevo
Testamento no fue el producto, sino la base de la decisión de la
Iglesia al expresar la conciencia de su aceptación y reconocimiento de lo que
el Espíritu le reveló que era canon, es decir, norma inspirada. Es aplicable al
N.T. lo que Josefo decía de los libros del Antiguo:
«se impusieron al consenso general de Israel como órdenes de Dios»
El desafío
de Marción obligó a la Iglesia a confesar, pero no a elaborar el canon
cuya gestación y orígenes arrancan de la historia de la salvación.
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| 31 de Agosto, 2008 a las 14:43:07 rating: | ||
<p>seria interesante hacer esta discusion en partes. Se podria dividir en los 8 puntos que haces.</p><p>gracias por compartir. </p><p>Es cuestion que lo vea el Prof. Euler que es el director academico para que se agregue como texto de recurso.</p><p> </p> | ||
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Hola querido Hermano en Cristo (profesor). Veo que has estudiado bien a fondo este tema y que lo dominas, me gusta el tema que compartes con todos nosotros. Pero como te lo dice el hermano JNWRY seria interesante hacer esta discusión en partes y no solo una exposición de un tema que ya nace medio cerrado (algo difícil de opinar algo más). No quiero desanimarte con esto, sino que mas bien te animo a expresar lo que sabes, pero te aclaro que estas en un FORO.
TE COMPARTO ESTA DEFINICION: Los foros en Internet son también conocidos como foros de mensajes, de opinión o foros de discusión y son una aplicación Web que le da soporte a discusiones u opiniones en línea. Por otro lado, comparado con los weblogs, se diferencian porque los foros permiten una gran cantidad de usuarios y las discusiones están anidadas, algo similar a lo que serían los comentarios en los weblogs. Además, por lo general, los foros suelen ser de temas más diversos o amplios con una cantidad de contenido más variado y la posibilidad de personalizar a nivel usuario (no sólo a nivel dueño). Enemigos del correcto funcionamiento del ForoLos principales enemigos del correcto funcionamiento del foro y que un moderador debe controlar, son el spam (la publicación de mensajes no solicitados, generalmente publicitarios, de forma caótica o que van en contra de las reglas del foro), los troles (usuarios cuyo único interés es molestar a otros usuarios e interrumpir el correcto desempeño del foro, ya sea por no estar de acuerdo con su temática o simplemente por divertirse de ese modo), y los leechers (usuarios que solo desean aprovecharse). Además los foros también pueden sufrir ataques de hackers y similares. Otro problema que se presenta en ocasiones es el que producen los denominados arqueólogos (usuarios que se dedican a revivir post antiguos); los chaters (usuarios que en foros, chats, y otros medios, escriben en un lenguaje corto, simplificando palabras al igual que en el SMS, o que intencionalmente no respetan la ortografía, presentando una escritura poco comprensible por otros miembros del foro); los fake (usuarios que se hacen pasar por otros miembros); y algunos usuarios títeres (usuarios que están inscritos en el foro dos o más veces, haciéndose pasar por diferentes miembros)pero los administradores pueden acabar con esto mirando periódicamente las IP de los usuarios. Aunque no son enemigos, los newbie (recién llegados) pueden ocasionar problemas en el funcionamiento del foro al cometer errores; ya sea por no poder adaptarse rápido a la comunidad, o al no leer o entender las reglas específicas que tiene el foro que recién ingresan. Su acogida dependerá de los usuarios y moderadores que tenga el foro. Igualmente pueden producir estos problemas usuarios más antiguos que producto de su conducta se les denomina lamer.
SIGUE ADELANTE!!!!!! SAULO GUIBERT - BOLIVIA
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Alguna vez han sentido un "Déjà vú"?? O esa rara sensación de estar hablando con un amigo y de pronto aparece su hermano gemelo vestido identicamente y obviamente tú no sabías que tenía un hermano gemelo, te quedas con la boca abierta y sorprendido. Pues cuando visiten la dirección que a continuación les voy a dar, talvez sientan idénticas sensaciones, comparen el aporte de "profesor" con la siguiente página web: http://www.conocereislaverdad.org/canon.htm
Hno. Saulo deberías agregar a esa lista de "Enemigos del correcto funcionamiento del foro", a los "Copy and Paste" (copiar y pegar), osea a los plagiadores... Cuando usamos algun texto sea este completo o parcial deberíamos nombrar nuestra fuente, como un respeto al verdadero autor y también como una ética en este caso, cristiana. Cosa que el tal "profesor" de Okinawa seguramente( lo dice en su polera), olvidó hacer en ese extenso aporte, no nos mandemos la parte con el trabajo de otros. El verdadero autor del tema "El Canon de las Sagradas Escrituras" es el Hno. Daniel Sapia, tiene 50 años es casado, tiene 3 hijos y es argentino. Tampoco deberíamos tirar la primera piedra, porque todos lo hemos hecho alguna vez, en mayor o menor medida, pero sería bueno respetar la autoría de las ideas, pensamientos y ensayos que encontramos en Internet, en un libro, o en una simple anecdota. Esto no quita que es un excelente ensayo sobre "El Canon de las Sagradas Escrituras" y como dice Jhon Wry, digno de tenerse como texto de recurso o apoyo.
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Estimados hermanos en la fe. Le informo, que nunca me gusta copiar y pegar... Pido disculpas a todos los hermanos del foro. Por no mencionar al escritor... Pero se que es bueno aprender de los grandes maestros..
Reciban un cordial saludo rn Cristo Les amo mucho | ||
| 31 de Agosto, 2008 a las 14:43:07 rating: | ||
Rupert
RB (Presbiteriana) | ||
![]() Muy buen tema y el desarrollo del mismo también es muy bueno, felicito a los participantes en este tema... | ||
| 25 de Junio, 2009 a las 18:53:29 rating: | ||
nuevo hilo]