57. Buena Tierra para el Discipulado Lucas 8:4-13

4 Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: 5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. 6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. 7 Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga. – Lc 8:4-8

La parábola del sembrador se encuentra en los tres Evangelios sinópticos (Mt 13:18-23; Mc 4:2-20; Lc 8:4-15). Nuestro enfoque va a ser en la narración de Lucas. Especialmente en Lucas, Jesús usa esta parábola para explicar el propósito de todas las parábolas y para ilustrar cómo las personas responden a la verdad de Dios. Esta parábola encaja con el propósito por el que Lucas registra la vida de Jesús que en cierta forma genera fe en el incrédulo y cultiva a que el creyente sea fructífero. Ser fructífero es una característica muy importante de un discípulo (Jn 15:8). La parábola muestra la Palabra de Dios como el centro de la salvación y el discipulado, y cómo algunos que creyeron no perseveraron en fidelidad a la Palabra de Dios para der fruto.

El diseño de la parábola

La parábola es directa en sus detalles. El sembrador se menciona primero, pero reside en la parte de atrás porque el destino de la semilla y la condición de la tierra toman el centro del escenario. Claramente el énfasis no es en el sembrador, ni en la semilla, sino en el destino de la semilla que se determina por los diferentes tipos de tierras.

Jesús concluye la parábola con: ‘El que tiene oídos para oír, oiga’ (Lc 8:8). Esto indica que la verdad sólo se puede percibir por los que son receptivos a ella. Después de que Jesús dice la parábola, los discípulos le preguntan su significado, lo que provoca esta explicación del diseño de Dios para las parábolas – iluminar a aquellos que son receptivos a la verdad y sellarla de aquellos que no lo son (Lc 8:9-10). Entonces Jesús cita Is 6:9 cuando se le dice a Isaías que su ministerio no iba a ser recibido por todos. Isaías y Jesús ambos ministraron a la nación de Israel como nación que no respondió a su mensaje, aunque algunos individuos si lo recibieron.

El contexto de la parábola

En la interpretación de Jesús de la parábola el sembrador no se menciona, se le da preeminencia a la semilla como la Palabra de Dios. El contexto aledaño apunta a la Palabra de Dios como la verdad revelada que se centra en la identidad de Jesús como el Mesías. Antes de la parábola, Juan el Bautista cuestiona la identidad de Jesús (Lc 7:18-21) a lo que Jesús responde con declaraciones Mesiánicas (Lc 7:22-28). Los Fariseos y Escribas estaban predispuestos a rechazar al testimonio de Cristo (Lc 7:30), lo que Jesús ve como la característica de toda la generación que lo rechazó a Él (Lc 7:31-35). En contraste con la ceguera de los Fariseos (descrita en el carácter de Simón) está la historia de la mujer que reconoce a Jesús y es salva (Lc 7:36-50).

Después de la parábola, Lucas cuenta la historia de la mamá y los hermanos de Jesús quienes tratan de acercarse a Él pero les estorba la multitud. Jesús usa la ocasión para proclamar que Su verdadera madre y hermanos espirituales ‘son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen’ (Lc 8:19-21). Con esta explicación, Jesús pone Su condición para un íntimo y fructífero discipulado que es lo que se enseña en la parábola – obediencia entusiasta a la Palabra de Dios (Compare Jn 8:31; 15:7-8; 17:6).

La interpretación de la parábola

Jesús interpreta Su parábola en Lc 8:11-15. En Su explicación a los discípulos, Jesús dice que la semilla que cayó junto al camino fue robada por el diablo. El diablo les quita la Palabra de sus corazones para que estos nunca crean y por lo tanto no sean salvos eternamente.

La segunda semilla representa a aquellos que creyeron pero que se alejaron. Algunas personas interpretan esta fe como superficial, pero la única deficiencia es su duración, no su sinceridad. Mientras que los detalles de la parábola no se deben de enfatizar al expresarse el punto principal, tampoco se deben de ignorar las declaraciones claras de la parábola. Si Jesús está diciendo que estas personas creyeron, entonces ellos creyeron, aunque sólo por un tiempo. Las tentaciones causaron que se alejaran, lo que parece indicar que se alejaron de la verdad del evangelio. Aunque no se especifica de qué tentación se trata, parece ser que es algo que reta su fe en la verdad de la Palabra de Dios, tal vez una falsa doctrina o persecución (Mt 13:21; Mc 4:17).

Los verdaderos creyentes pueden caer en falsa doctrina (por eso tantas recomendaciones en el Nuevo Testamento) o tomar la cruz y seguir a Cristo en contra de su voluntad, lo que es una condición importante para el discipulado (Lc 9:23). De cualquier manera, caer o alejarse no significa que esos creyentes perdieron su salvación. La parábola es acerca de las condiciones para perseverar dando frutos, no para perseverar en la salvación.

Aquellos descritos por la tercera semilla claramente muestran vida, pero el crecimiento los ahoga para que no dan fruto. De hecho, se menciona algún fruto, pero está mal desarrollado, sin madurar. Esto se debe a las preocupaciones, las riquezas, y a los placeres de esta vida que distraen a los creyentes de su crecimiento en la verdad de Dios. Después Jesús enseña que una característica importante de un discípulo es que se niegue a sí mismo (Lc 9:23), algo que estos creyentes no hicieron.

El propósito de la Palabra de Dios es llevar a las personas a la fe y a dar fruto. Esto se describe en la buena semilla, descrita como los que tienen ‘corazón bueno y recto’. El enfoque de la parábola no es la actividad del sembrador o el poder de la Palabra, sino la predisposición del corazón de la persona. No nos explica por qué algunos corazones están predispuestos a alejarse de la verdad, o a distraerse por los placeres de este mundo, o están abiertos y reciben la verdad, sólo nos dice que así son. Ciertamente los creyentes que dieron fruto fueron expuestos a ambos, pero ellos fueron fértiles por sus buenos corazones y por lo tanto dieron fruto. Al final y desde la perspectiva humana, los creyentes son responsables de sus propios corazones y de cómo responden a la Palabra de Dios. Perseverar en la Palabra de Dios es la clave para dar fruto. Esta no es una perseverancia para que podamos ser salvos, sino perseverancia para vivir la Palabra de Dios externamente. La responsabilidad del que escucha se enfatiza en la parábola que sigue a la del sembrador (Lc 8:18). El que tiene la luz y la comparte es una persona receptiva. La advertencia de Cristo de es: ‘Mirad, pues, cómo oís’. Entonces las situaciones externas no pueden tener la culpa de la predisposición del corazón de uno, sino que viene del hábito de cultivar la verdad y buscar lo que es bueno. A los buenos y fieles administradores de la fe, Dios les da más verdad. 

Las aplicaciones de las parábolas 

Aquellos que siembran la Palabra de Dios la deben de esparcir a todos, pero estando conscientes de que las personas van a responder diferente. Ellos deberán por lo tanto buscar y cultivar a aquellos que son receptivos y dan fruto. 

El sembrador debe de esparcir la Palabra de Dios, no la suya propia. Al punto de que la Palabra de Dios se minimice en nuestro mensaje, la responsabilidad del hombre de recibirla y obedecerla también se disminuye. Esto debería de promover la importancia de la predicación y la enseñanza expositiva. La Palabra de Dios enseñada dentro del contexto tiene la autoridad para convencer, para cambiar vidas, y para dar fruto. Los programas de discipulado deben apuntar a los corazones de las personas con la Palabra de Dios. 

Finalmente, debemos de monitorear nuestro propio corazón a menos que sucumba a falsas doctrinas o a las distracciones que debilitan nuestro fruto por el Señor. Una manera segura de recibir más del Señor es compartir más del Señor al poner nuestra luz en un pedestal para que todos la vean. Los discípulos fieles van a dar fruto y van a llevar la verdad de Dios al mundo. 

Charlie Bing

Fundador del ministerio GraceLife.

El Dr. Bing tiene su Th.M. y Ph.D. de Dallas Theological Seminary. Fue pastor de la iglesia Burleson Bible Church en Texas por 19 años antes de transicionarse a su role actual de director del ministerio GraceLife. Ha servido como profesor adjunto de estudios biblicos en la universidad LeTouneau desde el año 1992 y fué presidente de la Free Grace Alliance.

Es autor de libros como Lordship Salvation: A Biblical Evaluation and Response y el libro traducido al espñol llamado  Simplemente por gracia.