Escena 30 – LA PRUEBA DEFINITIVA

Dios planeaba usar a Abraham y a su hijo para presentar al mundo unas profecías e ilustraciones sobre su plan para rescatar a las personas del pecado y de la muerte. También pensaba probar la fe de Abraham al extremo, al pedirle que hiciera algo espantoso, algo que no tendría sentido hasta que la prueba terminara.

En esta etapa de su vida, Abraham tenía una confianza absoluta en el SEÑOR. Le conocía. Sabía que Dios es bueno y justo. Sin embargo, ¿sería capaz Abraham de confiar en Él y obedecerle, aunque lo que le pedía parecía equivocado?

Esta es la historia, directamente de las Escrituras:

”Pasado cierto tiempo, Dios puso a prueba a Abraham y le dijo: ¡Abraham! Aquí estoy respondió.
Y Dios le ordenó: Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré.
Abraham se levantó de madrugada y ensilló su asno. También cortó leña para el holocausto y, junto con dos de sus criados y su hijo Isaac, se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado.
Al tercer día, Abraham alzó los ojos y a lo lejos vio el lugar. Entonces les dijo a sus criados: Quédense aquí con el asno. El muchacho y yo seguiremos adelante para adorar a Dios, y luego regresaremos junto a ustedes.
Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo; él, por su parte, cargó con el fuego y el cuchillo. Y los dos siguieron caminando juntos.
Isaac le dijo a Abraham: ¡Padre! Dime, hijo mío». Aquí tenemos el fuego y la leña continuó Isaac, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?
El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios le respondió Abraham. Y siguieron caminando juntos.” (Génesis 22:1-8 NVI).


Esto ha sido una porción (usado bajo permiso del autor) del libro «Rey de Gloria» narrado por Paul D. Bramsen 
(nota: el uso de negrillas, cursivas y algunos cambios de versión de la Biblia son nuestra y no del original) 
Creditos:  2019 © ROCK International www.king-of-glory.com


Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.(Tito 2:11-14)