Escena 40 – LA LLEGADA

Setecientos años antes, el profeta Miqueas había predicho que el Mesías-Rey nacería en Belén, la antigua ciudad natal del rey David.

Pero había un problema. María y José vivían en Nazaret, a tres días de viaje hacia el norte. ¿Cómo se cumplirían las Escrituras?

Dios lo tenía todo bajo control.

Al acercarse el momento en el que María iba a dar a luz, el emperador romano Augusto César decretó que todos los súbditos del imperio regresaran inmediatamente a la ciudad de sus ancestros para registrarse con el fin de pagar impuestos. Así que José y María, ésta en estado avanzado de embarazo, viajaron desde Nazaret a Belén.

”Mientras estaban allí, llegó el momento para que naciera el bebé. María dio a luz a su primer hijo, un varón. Lo envolvió en tiras de tela y lo acostó en un pesebre, porque no había alojamiento disponible para ellos.” (Lucas 2:6-7 NTV).

Allí en Belén, atiborrada de viajeros cansados (venidos para censarse), nació la Simiente de la mujer prometida. El Evangelio registra el evento con precisión:
“María dio a luz a su primer hijo, un varón.” (Lucas 2:7 NTV).

Por parte de su madre, este bebé era el hijo recién nacido de María; pero por parte de su Padre, era el eterno Hijo de Dios. El mismo Verbo por medio del cual Dios creó el mundo, la misma Voz que tronó desde el ardiente monte Sinaí, ahora podía escucharse en el pequeño llanto de un bebé.

¿Y dónde nació?

No nació en el palacio de un rey ni en un hospital, ni siquiera en una posada. El rey del cielo nació donde nacen los corderos: en un establo, con un pesebre por cuna.

Todo esto era parte del plan de Dios.

”Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.“ (2 Corintios 8:9).

Pero, ¿no podía Dios haber organizado alguna celebración en honor de la llegada de su Hijo?

Lo hizo.


Esto ha sido una porción (usado bajo permiso del autor) del libro «Rey de Gloria» narrado por Paul D. Bramsen 
(nota: el uso de negrillas, cursivas y algunos cambios de versión de la Biblia son nuestra y no del original) 
Creditos:  2019 © ROCK International www.king-of-glory.com


Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.(Tito 2:11-14)