Escena 61 – EL REY ES CRUCIFICADO

La crucifixión es el método más horrendo de ejecución, auspiciado por el estado, que jamás se ha concebido. Para añadir humillación pública al dolor atroz, los soldados romanos desnudaban a las víctimas antes de clavarles las manos y los pies a una cruz o a un árbol.

”…cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.”
 (Lucas 23:33-35).

Si Jesús se hubiera salvado a sí mismo, no podría habernos salvado a nosotros. La multitud no tenía ni idea de que estaba cumpliendo lo que el SEÑOR le había dicho al profeta David:
”…me han traspasado las manos y los pies… con satisfacción perversa la gente se detiene a mirarme. Se reparten entre ellos mis vestidos y sobre mi ropa echan suertes.” (Salmo 22:16-18 NVI)

”Todos los que me ven se burlan de mí; sonríen con malicia y menean la cabeza mientras dicen:
«¿Éste es el que confía en el SEÑOR? Entonces ¡que el SEÑOR lo salve! Si el SEÑOR lo ama tanto, ¡que lo rescate él!».”
 (Salmo 22:7-8 NTV).

El plan de rescate de Dios se estaba cumpliendo al detalle.

Sobre el mismo monte donde el profeta Abraham había dicho: «El cordero lo proveerá Dios» y «El SEÑOR proveerá» (Génesis 22:8, 14). Dios había provisto su propio Cordero: Jesús.

¿Recuerdas cómo el carnero inocente fue sacrificado sobre la leña de un altar para redimir al hijo condenado de Abraham? Ahora el Hijo de Dios sin pecado era sacrificado sobre una cruz de madera para redimir a los descendientes condenados de Adán. Dios perdonó al hijo de Abraham, pero «…no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,…» (Romanos 8:32).

”Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

”Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. Y el rescate que él pagó no consistió simplemente en oro o plata sino que fue la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha.” (1 Pedro 1:18-19 NTV)

Esto muestra cuánto vales para Dios.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.(Tito 2:11-14)